El mejor sistema de agua caliente no es necesariamente el más potente, sino el que responde mejor a la manera real en que utilizamos la vivienda.
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Dos maneras diferentes de conseguir agua caliente
Aunque desde el grifo el resultado pueda parecer el mismo, un calentador instantáneo y un acumulador trabajan de forma bastante distinta.
Un calentador instantáneo calienta el agua a medida que la necesitamos. Abrimos el grifo, el equipo detecta la demanda y empieza a trabajar. Mientras exista suministro y el aparato tenga capacidad suficiente, podemos continuar utilizando agua caliente.
Un acumulador, en cambio, calienta previamente una determinada cantidad de agua y la mantiene disponible dentro de un depósito.
Podríamos resumirlo de una manera muy sencilla: uno produce agua caliente cuando la pedimos y el otro la tiene preparada para cuando la necesitemos.
Pero detrás de esta diferencia aparentemente pequeña hay bastantes cosas que conviene tener en cuenta.
El acumulador: agua caliente preparada para utilizar
Los acumuladores eléctricos —los conocidos termos eléctricos— son habituales en muchos hogares.
Su funcionamiento es sencillo. Una resistencia calienta el agua almacenada en un depósito y un termostato mantiene la temperatura dentro del margen establecido.
Una de sus ventajas es precisamente esa reserva.
Cuando abrimos el grifo disponemos de agua caliente prácticamente desde el principio, aunque naturalmente siempre habrá que tener en cuenta la distancia entre el acumulador y el punto de consumo.
Además, su instalación puede resultar relativamente sencilla porque no necesita una instalación de gas ni salida de humos.
Pero hay una cuestión fundamental: la capacidad.
Un termo de 50 litros y uno de 100 litros pueden parecer aparatos similares, pero la experiencia de uso será completamente diferente en una vivienda donde viven cuatro personas.
Si el depósito se agota, tendremos que esperar a que vuelva a calentar el agua.
Por eso no tiene demasiado sentido escoger un acumulador simplemente mirando cuál cabe en el hueco disponible. Hay que pensar cuántas personas viven en casa, cuántas duchas se hacen habitualmente, si se utilizan varios baños de manera simultánea y cuáles son los horarios de consumo.
¿Y un calentador instantáneo?
Aquí la filosofía cambia.
El agua no permanece almacenada esperando a que la utilicemos. El equipo la calienta cuando detecta demanda.
En los sistemas de gas, esta ha sido durante muchos años una solución muy habitual. Una de sus ventajas evidentes es que no estamos limitados por la capacidad de un depósito: podemos continuar disponiendo de agua caliente mientras el equipo pueda responder al caudal solicitado.
Eso sí, también hay que dimensionarlo correctamente.
Si queremos utilizar simultáneamente dos duchas, por ejemplo, necesitaremos una capacidad diferente de la que sería suficiente para un pequeño apartamento donde vive una sola persona.
En este caso debemos fijarnos especialmente en el caudal de agua caliente que puede proporcionar el equipo.
El mejor sistema de agua caliente no es necesariamente el más potente, sino el que responde mejor a la manera real en que utilizamos la vivienda.
El espacio también cuenta
En Esteve lo vemos especialmente cuando hacemos reformas.
Un acumulador necesita sitio.
Y cuanto mayor sea su capacidad, mayor será normalmente el espacio que tendremos que reservarle.
En viviendas pequeñas, dedicar un armario completo a un termo puede condicionar bastante la distribución. En otras ocasiones podemos colocarlo en un lavadero, una galería o integrarlo dentro de un mueble correctamente preparado.
Con un calentador también tenemos condicionantes de instalación, especialmente si hablamos de equipos de gas.
Por eso nos gusta plantear estas cuestiones antes de empezar a distribuir muebles.
Intentar encontrar sitio para un aparato cuando la cocina ya está completamente diseñada suele acabar en soluciones que funcionan, sí, pero que probablemente no habríamos escogido si lo hubiéramos previsto desde el principio.
El consumo no depende solamente del aparato
Aquí también conviene desmontar una idea bastante extendida.
No podemos afirmar que un sistema vaya a gastar siempre menos que otro sin conocer cómo se utiliza.
Un acumulador necesita energía para calentar el agua y también para mantenerla a temperatura, aunque los equipos modernos cuentan con aislamientos cada vez mejores.
Un sistema instantáneo evita mantener permanentemente un depósito caliente, pero necesita una potencia elevada precisamente cuando existe demanda.
Y después estamos nosotros.
Una ducha de cinco minutos no consume lo mismo que una de veinte. Tampoco una vivienda con una persona que otra con cinco.
Por eso, antes de comparar únicamente la potencia o el consumo indicado en una etiqueta, conviene mirar los hábitos de la familia.
Los acumuladores también han evolucionado
El típico termo cilíndrico enorme sigue existiendo, pero ya no es la única posibilidad.
Actualmente encontramos acumuladores planos, modelos más compactos, equipos con mejor aislamiento y sistemas electrónicos capaces de gestionar de manera más eficiente los ciclos de calentamiento.
Algunos modelos incluso pueden adaptar su funcionamiento a determinados patrones de consumo.
Esto resulta especialmente interesante cuando queremos integrar el equipo en una reforma sin renunciar innecesariamente a espacio de almacenamiento.
También podemos programar determinados acumuladores para aprovechar horarios concretos de consumo eléctrico, algo que puede tener sentido dependiendo de la tarifa contratada y de los hábitos de la vivienda.
Y aparece una tercera opción: la aerotermia
Cuando hablamos actualmente de agua caliente sanitaria tampoco podemos olvidarnos de la aerotermia.
Los sistemas con bomba de calor aprovechan energía del aire para calentar el agua y pueden conseguir una eficiencia energética considerablemente superior a la de un termo eléctrico convencional.
Eso no significa que podamos sustituir un termo por un equipo de aerotermia sin más.
Necesitan espacio, tienen unas características de instalación determinadas y la inversión inicial es mayor. En una reforma integral o en una vivienda donde también estamos replanteando climatización y eficiencia energética, sin embargo, es una alternativa que merece ser estudiada.
Aquí volvemos otra vez al mismo punto: no existe una solución idéntica para todas las viviendas.
¿Qué escogeríamos entonces?
Primero miraríamos la casa.
Cuántas personas viven en ella, cuántos baños hay, si suelen utilizarse simultáneamente, qué instalación existe actualmente, dónde podemos colocar el equipo y qué espacio estamos dispuestos a dedicarle.
Después miraríamos las opciones.
En algunas viviendas, un acumulador eléctrico correctamente dimensionado será una solución sencilla y perfectamente válida. En otras interesará mantener o instalar un sistema instantani. Y cuando la reforma tiene un planteamiento energético más amplio, probablemente habrá que poner también la aerotermia sobre la mesa.
Lo que no recomendamos es escoger el aparato de manera aislada y pensar después dónde lo colocaremos.
Una instalación que no vemos, pero utilizamos todos los días
Cuando estrenamos una cocina o un baño nuevo solemos fijarnos en los acabados. En cómo ha quedado el mueble, el taulell, la iluminación o aquella ducha que tanto nos gustaba.
Pasados unos meses, empezamos a valorar otras cosas.
Que el agua caliente llegue cuando la necesitamos. Que dos personas puedan utilizarla sin problemas. Que no tengamos un aparato ocupando un espacio absurdo. Que podamos acceder fácilmente a él cuando necesite mantenimiento.
Es la diferencia entre diseñar una reforma para verla y diseñarla para vivirla.
En Esteve Cuines, cuando planteamos una reforma, tenemos en cuenta también estas instalaciones desde el principio. Porque decidir dónde irá el agua caliente quizá no sea la parte más espectacular de un proyecto, pero puede condicionar durante muchos años cómo utilizaremos nuestra cocina y nuestros baños.
¿Estás pensando en reformar tu vivienda?
Si tienes que renovar la cocina o el baño y no sabes si mantener el sistema actual, instalar un acumulador o estudiar otra alternativa, es un buen momento para plantearlo.
En Esteve Cuines estudiamos la distribución, las instalaciones y el uso real que tendrá cada espacio antes de empezar la reforma.
Porque cuanto mejor resolvemos lo que queda escondido, mejor funciona todo lo que después vemos.
En una reforma bien pensada, el sistema de agua caliente se decide antes de cerrar la distribución: así podemos dimensionarlo, ubicarlo e integrarlo sin sacrificar espacio útil innecesariamente.
Autor: Esteve Estudi Cuina i Bany - Tienda de cocinas y baños en Sabadell
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