Cuanto más clara sea la propuesta, menos espacio queda para sorpresas durante la reforma.
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Un presupuesto de cocina debe ser mucho más que un precio final
Cuando empezamos a valorar una reforma de cocina es normal mirar primero el precio. Pero una cifra al final de una hoja, por sí sola, dice bastante poco.
Dos presupuestos pueden tener importes similares y, sin embargo, estar ofreciendo cocinas muy diferentes. O puede ocurrir justo lo contrario: uno parece considerablemente más caro hasta que descubrimos que incluye trabajos, materiales o servicios que en el otro tendremos que pagar aparte.
Por eso, antes de comparar precios conviene hacerse una pregunta mucho más útil: ¿qué incluye realmente este presupuesto?
En una cocina intervienen muchas cosas: muebles, encimera, electrodomésticos, instalaciones, iluminación, transporte, montaje y, dependiendo de la reforma, trabajos de albañilería. Cuanto mejor explicado esté todo desde el principio, más fácil será saber qué estamos contratando.
Primero, la cocina; después, el precio
Antes de empezar a sumar muebles y electrodomésticos debería existir una idea clara de la cocina que se quiere realizar.
No es lo mismo presupuestar una cocina sobre unas medidas aproximadas que hacerlo después de estudiar el espacio, pensar la distribución y decidir dónde estarán la zona de cocción, el fregadero, los electrodomésticos o el almacenamiento.
También hay que valorar los espacios de paso, los puntos eléctricos, la iluminación y, si el espacio lo permite, soluciones como una isla o una península.
En otras palabras: un presupuesto tiene mucho más sentido cuando detrás existe un proyecto concreto.
Los muebles no son simplemente “muebles de cocina”
Aquí merece la pena detenerse.
En un presupuesto podemos encontrar una partida denominada simplemente “mobiliario de cocina”. ¿Pero qué estamos comprando exactamente?
Conviene saber quién fabrica esos muebles, qué modelo o colección se ha elegido, sus acabados, el tipo de puerta, los sistemas de apertura, los cajones y herrajes o las soluciones interiores previstas.
Y es precisamente en esos detalles donde pueden aparecer diferencias importantes entre dos cocinas que, vistas en una fotografía, parecen prácticamente iguales.
Un cajón que utilizaremos varias veces al día, un buen herraje o un sistema extraíble bien pensado probablemente no será lo primero que enseñaremos cuando estrenemos la cocina. Pero sí será algo que notaremos durante años.
Por eso también hay que comprobar si organizadores interiores, accesorios, mecanismos especiales o módulos extraíbles están incluidos o se presupuestan aparte.
La encimera: mejor saber exactamente cuál es
“Encimera” tampoco debería ser suficiente como descripción.
Material, fabricante, modelo, acabado, grosor, medidas, cantos… son datos que ayudan a entender qué producto se está ofreciendo.
Además, hay trabajos asociados que pueden tener un coste importante: huecos para fregadero y placa, mecanizados especiales, copetes, transporte, fabricación o instalación.
Incluso el sistema de instalación del fregadero puede modificar el trabajo necesario.
No hace falta convertir el presupuesto en un manual técnico, pero sí debería contener información suficiente para que sepamos qué encimera nos van a instalar y qué trabajos están incluidos en su precio.
Electrodomésticos: un horno no es simplemente “un horno”
Este es uno de los ejemplos más claros de por qué no conviene comparar presupuestos mirando únicamente el total.
Si una propuesta indica “horno” y otra hace exactamente lo mismo, aparentemente ambas incluyen lo mismo. Pero podemos estar hablando de modelos con prestaciones y precios completamente diferentes.
Lo ideal es que cada electrodoméstico aparezca identificado individualmente —horno, placa, campana, frigorífico, lavavajillas, microondas, vinoteca, etc.— indicando marca y modelo o, como mínimo, una referencia que permita saber qué producto se está ofreciendo.
Así la comparación será mucho más sencilla y, sobre todo, mucho más justa.
Y no olvidemos fregadero, grifo y accesorios
Son partidas más pequeñas, pero cuando empezamos a sumarlas dejan de ser tan pequeñas.
Fregadero, grifería, dosificador de jabón, sistemas para residuos, accesorios interiores o iluminación integrada pueden formar parte del proyecto.
¿Están incluidos?
Una pregunta tan sencilla puede evitar bastantes malentendidos cuando llega el momento de instalar la cocina.
Instalaciones: donde pueden aparecer las sorpresas
Una cocina nueva no siempre puede conectarse directamente a las instalaciones que ya existen.
Quizá haya que desplazar una toma de agua, modificar un desagüe, crear nuevos enchufes, adaptar la extracción o cambiar algún punto de iluminación.
Y aquí hay una cuestión fundamental:
¿Quién se encarga de esos trabajos y quién los paga?
Si el nuevo diseño obliga a modificar electricidad, fontanería, gas, extracción o cualquier otra instalación, debería quedar indicado en el presupuesto o, como mínimo, dejar muy claro que esos trabajos no están incluidos.
Es uno de los puntos que recomendamos revisar con más atención antes de aceptar una propuesta.
¿Hay obra? También debe aparecer
No todas las reformas necesitan albañilería, pero muchas sí.
Puede haber que desmontar la cocina existente, retirar revestimientos, realizar rozas, reparar paredes, modificar algún tabique, cambiar el pavimento o preparar determinadas superficies antes del montaje.
En esos casos es preferible que los trabajos aparezcan separados y descritos.
Así podremos distinguir claramente cuánto cuesta la cocina y cuánto cuesta preparar el espacio para poder instalarla.
Transporte y montaje también forman parte de la cocina
Una cocina estupenda puede perder buena parte de sus cualidades con un montaje deficiente.
Por eso el presupuesto debería aclarar qué ocurre después de fabricar los muebles: transporte hasta la vivienda, subida del material, montaje, nivelación, instalación de puertas y cajones, colocación de la encimera, instalación de electrodomésticos y ajustes finales.
También merece la pena preguntar por algo tan sencillo como la retirada de embalajes.
Son pequeños detalles, sí, pero cuando tenemos la casa en obras agradecemos mucho haberlos hablado antes.
¿Y qué hacemos con la cocina antigua?
Otra pregunta que suele aparecer cuando la reforma ya está a punto de comenzar.
¿Quién desmonta los muebles actuales? ¿Se retiran los electrodomésticos? ¿Qué ocurre con los residuos y los escombros?
Si todo eso está incluido, perfecto.
Y si no lo está, tampoco tiene por qué ser un problema. Lo importante es saberlo antes.
Porque una de las principales funciones de un presupuesto bien realizado es precisamente esa: evitar que durante la reforma aparezcan gastos que nadie había previsto.
Cuanto más clara sea la propuesta, menos espacio queda para sorpresas durante la reforma.
Los plazos también importan
Cuando reformamos una cocina no solo queremos saber cuánto costará. También necesitamos hacernos una idea de cuánto durará el proceso.
No siempre es posible comprometer una fecha exacta desde el primer momento, pero sí establecer unos plazos aproximados de fabricación e instalación.
También conviene conocer qué trabajos deben realizarse previamente y en qué orden se desarrollarán las diferentes fases.
Esto permite organizarse mejor y entender qué ocurrirá desde que aceptamos el proyecto hasta que podemos empezar a utilizar la nueva cocina.
Precio, IVA y forma de pago
Llegamos, ahora sí, a los números.
El presupuesto debería mostrar con claridad las diferentes partidas, subtotales, IVA e importe final.
También las condiciones de pago: posibles anticipos, pagos vinculados a determinadas fases del proyecto y periodo de validez de la oferta.
Hay otra cuestión que recomendamos preguntar: ¿qué sucede si durante la reforma queremos realizar un cambio?
Cambiar de opinión puede ocurrir. Lo importante es conocer de antemano cómo se valorarán económicamente esas modificaciones.
Una de las partes que más conviene leer: lo que NO está incluido
Puede parecer contradictorio, pero una de las mejores señales de un presupuesto profesional es que explique claramente sus límites.
Pintura, determinados trabajos de albañilería, modificaciones de instalaciones, electrodomésticos, permisos, trabajos realizados por terceros o elementos decorativos pueden quedar fuera de la propuesta.
No pasa nada porque existan exclusiones.
El problema aparece cuando descubrimos esas exclusiones después de haber aceptado el presupuesto.
Cómo comparar dos presupuestos de cocina
Cuando tengas dos propuestas delante, intenta no empezar mirando únicamente la última cifra.
Comprueba primero si realmente estás comparando lo mismo:
Después de responder a estas preguntas, el precio empieza a tener mucho más sentido.
Un presupuesto también dice mucho de quién realizará la cocina
Para nosotros, un presupuesto no debería ser simplemente una herramienta para vender una cocina.
También es una manera de explicar cómo se va a trabajar.
Cuando sabemos qué materiales se utilizarán, qué muebles y electrodomésticos se instalarán, quién realizará cada trabajo y cuánto costará cada parte, resulta mucho más sencillo tomar una decisión con tranquilidad.
Una cocina permanecerá muchos años en nuestra vivienda. Dedicar un poco de tiempo a entender el presupuesto antes de empezar puede evitarnos bastantes problemas después.
¿Estás pensando en reformar tu cocina?
Antes de decidir únicamente por precio, asegúrate de que las propuestas que tienes delante realmente pueden compararse.
En Esteve Estudi Cuina i Bany estudiamos el espacio, escuchamos qué necesitas y trabajamos la distribución antes de preparar la propuesta. De esta manera podemos ofrecerte un presupuesto detallado y adaptado a la cocina que realmente quieres realizar.
Solicita tu presupuesto de cocina y cuéntanos cómo te gustaría que fuera tu nueva cocina.
Preferimos que tengas las cosas claras antes de empezar. También las que no están incluidas.
La transparencia no consiste en ofrecer el precio más bajo, sino en explicar exactamente qué se está pagando.
Autor: Esteve Estudi Cuina i Bany - Tienda de cocinas y baños en Sabadell